BH-060
La Regenta
Leopoldo Alas «Clarín» (1852–1901)
Una ciudad entera vigila a una mujer que se ahoga de aburrimiento.
- Notas
- 347
- Estudio preliminar
- 9.775 palabras
- Páginas
- 1058
- Época
- Realismo y Naturalismo
BH-060
Leopoldo Alas «Clarín» (1852–1901)
Una ciudad entera vigila a una mujer que se ahoga de aburrimiento.
Un fragmento tal como aparece en el libro. Las notas resuelven el vocabulario, la historia y las fuentes; pulsa un número para leer la nota entera.
La heroica ciudad dormía la siesta. El viento sur, caliente y perezoso, empujaba las nubes blanquecinas que se rasgaban al correr hacia el norte. En las calles no había más ruido que el rumor estridente de los remolinos de polvo, trapos, pajas y papeles que iban de arroyo en arroyo, de acera en acera, de esquina en esquina revolando y persiguiéndose, como mariposas que se buscan y huyen y que el aire envuelve en sus pliegues invisibles. Cual turbas de pilludos, aquellas migajas de la basura, aquellas sobras de todo se juntaban en un montón, parábanse como dormidas un momento y brincaban de nuevo sobresaltadas, dispersándose, trepando unas por las paredes hasta los cristales temblorosos de los faroles, otras hasta los carteles de papel mal pegado a las esquinas, y había pluma que llegaba a un tercer piso, y arenilla que se incrustaba para días, o para años, en la vidriera de un escaparate, agarrada a un plomo.
Vetusta, la muy noble y leal ciudad, corte en lejano siglo, hacía la digestión del cocido y de la olla podrida, y descansaba oyendo entre sueños el monótono y familiar zumbido de la campana de coro, que retumbaba allá en lo alto de la esbelta torre en la Santa Basílica. La torre de la catedral, poema romántico de piedra, delicado himno, de dulces líneas de belleza muda y perenne, era obra del siglo diez y seis, aunque antes comenzada, de estilo gótico, pero, cabe decir, moderado por un instinto de prudencia y armonía que modificaba las vulgares exageraciones de esta arquitectura. La vista no se fatigaba contemplando lloras y horas aquel índice de piedra que señalaba al cielo; no era una de esas torres cuya aguja se quiebra de sutil, más flacas que esbeltas, amaneradas, como señoritas cursis que aprietan demasiado el corsé; era maciza sin perder nada de su espiritual grandeza, y hasta sus segundos corredores, elegante balaustrada, subía como fuerte castillo, lanzándose desde allí en pirámide de ángulo gracioso, inimitable en sus medidas y proporciones. Como haz de músculos y nervios la piedra, enroscándose en la piedra, trepaba a la altura, haciendo equilibrios de acróbata en el aire; y como prodigio de juegos malabares, en una punta de caliza se mantenía, cual imantada, una bola grande de bronce dorado, y encima otra más pequeña, y sobre esta una cruz de hierro que acababa en pararrayos.
Cuando en las grandes solemnidades el cabildo mandaba iluminar la torre con faroles de papel y vasos de colores, parecía bien, destacándose en las tinieblas, aquella romántica mole; pero perdía con estas galas la inefable elegancia de su perfil y tomaba los contornos de una enorme botella de champaña. Mejor era contemplarla en clara noche de luna, resaltando en un cielo puro, rodeada de estrellas que parecían su aureola, doblándose en pliegues de luz y sombra, fantasma gigante que velaba por la ciudad pequeña y negruzca que dormía a sus pies.
Bismarck, un pillo ilustre de Vetusta, llamado con tal apodo entre los de su clase, no se sabe por qué,Bismarck… por qué Von Bismarck (1815-1898) fue el nombre del gran estadista alemán, ministro del rey de Prusia Guillermo I, que contribuyó de forma decisiva a la unidad alemana, llegando a ser Canciller del Imperio en 1871. El apodo aplicado al píllete (que Sobejano y otros críticos relacionan con el personaje clariniano Pipa) se puede deber al liderazgo entre sus compañeros de correrías. Sin embargo, nótese que, por contraste, se dice de él que huye atemorizado de cualquier poderoso de Vetusta. empuñaba el sobado cordel atado al badajo formidable de la Wamba,Wamba Con ese nombre se conocía una antigua y famosa campana de tres toneladas, rundida a iniciativa del canónigo Peláez Cabeza, a comienzos del siglo XIII. Estuvo inicialmente ubicada en la torre vieja del templo catedralicio, anterior y distinta a la gótica que es la que actualmente osten ta, airosa, la catedral ovetense. Lamentablemente esta campana se rompió durante la Guerra Civil. la gran campana que llamaba a coro a los muy venerables canónigos, cabildo catedral de preeminentes calidades y privilegios.
Cotejo exhaustivo de la princeps en dos volúmenes (Barcelona: Daniel Cortezo, 1884–1885) con la segunda edición corregida de Fernando Fe (Madrid, 1900), depurando erratas mecánicas y lecciones dialectales asturianas.
Cuatro páginas con lo esencial de La Regenta, preguntas de examen con pautas de respuesta y un comentario resuelto, para ESO, Bachillerato y la PAU. Gratis, en la web o en PDF para imprimir.
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