VERSO 2695.— Entrados son los ifantes al robredo de Corpes, / los montes son altos, las ramas pujan con las nuoves, / e las bestias fieras que andan aderredor.
VERSO 2705.— Fallaron un vergel con una limpia fuont; / mandan fincar la tienda ifantes de Carrión, / con quantos que ellos trahen yasen essa noch.
VERSO 2715.— Otro día mannana piessan de ensellar, / mandaron cargar las azémilas con grand aver que y ha; / mandaron adelant traspassar sus gentes todas...
VERSO 2735.— Ellos amos solos por cuémo son partidos, / dícense ifantes de Carrión: «Aquí seredes escarnidas, / non veredes Valencia nin a vuestro padre el Çid»...
VERSO 2745.— Levanles los mantos e las pielles de martas, / con las cinchas corredizas fuertemientre las açotan; / con las espuelas agudas, don ellas han grand mal, / rrompíen las camisas e las carnes a ellas amas; / limpias salién sobre ellas las bermejas sangres...
VERSO 2750.— ¡Quál ventura serie esta, si ploguiesse al Criador, / que assomasse essora el Çid Campeador!
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«El fragmento seleccionado pertenece al Cantar III del Cantar de mio Cid y constituye el núcleo dramático de la Afrenta de Corpes, episodio cumbre de la infamia de los infantes de Carrión que activa el segundo y definitivo ciclo de restitución de la honra heroica. El poema construye una atmósfera de salvajismo telúrico («los montes son altos, las ramas pujan con las nuoves») que anticipa la quiebra del orden civilizado y cristiano. La bajeza moral de los condes de Carrión, heridos en su soberbia estamental tras el vergonzoso trance del león, busca una venganza cobarde torturando a sus propias esposas con las espuelas y cinchas que simbolizan su condición caballeresca, pervertida aquí en vileza sádica. La maestría del juglar se manifiesta en el contraste patético entre la indefensión de doña Elvira y doña Sol y la violencia física desplegada, así como en la vibrante intervención conativa en primera persona («¡Quál ventura serie esta...!»), que moviliza el juicio moral del público. El ultraje, lejos de aplastar al Campeador, prepara la apoteosis jurídica en las cortes de Toledo, donde el héroe triunfará mediante la ley escrita y el juicio solemne de Dios».