QUEVEDO.— Él era un clérigo cerbatana, largo sólo en el talle, una cabeza pequeña, pelo bermejo...
QUEVEDO.— Los ojos avecinados en el cogote, que parecía que miraba por cuévanos, tan hundidos y escuros que eran buen lugar para tiendas de boticarios...
QUEVEDO.— La nariz, entre Roma y Francia, porque se le había comido de unas búas de resfriado, que no de vicio porque costaban dinero...
QUEVEDO.— Las barbas descoloridas de miedo de la boca vecina, que, de pura hambre, parecía que amenazaba a comérselas...
QUEVEDO.— Los dientes, le faltaban no sé cuántos, y pienso que por holgazanes y vagamundos se los habían desterrado...
QUEVEDO.— El gaznate largo como de avestruz, con una nuez tan salida que parecía se iba a buscar comer forzada de la necesidad...
QUEVEDO.— Los brazos secos; las manos como un manojo de sarmientos cada una...
QUEVEDO.— Mirado de medio abajo, parecía tenedor o compás, con dos piernas largas y flacas... Su sotana era milagrosa, porque no se sabía de qué color era.
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«El fragmento propuesto pertenece al capítulo III del Libro I de La vida del Buscón de Francisco de Quevedo y constituye la cumbre indiscutible de la caricatura satírica conceptista en las letras hispánicas: el retrato del dómine Cabra. Quevedo no pretende reflejar una figura humana real, sino construir una alegoría hiperbólica y monstruosa de la Inanición física y moral. Mediante una sobrecogedora concentración de agudezas, metáforas cosificadoras (“clérigo cerbatana”, “brazos como sarmientos”, “piernas de tenedor o compás”) y dilogías sarcásticas, el autor deshumaniza al clérigo miserable reduciéndolo a un artefacto grotesco. La maestría quevediana brilla con especial fulgor en las personificaciones paradójicas: las barbas tiemblan de pavor ante la cercanía de una boca hambrienta dispuesta a engullirlas, mientras los dientes han sido desterrados por holgazanes. Este despliegue de violencia verbal ilustra el pesimismo satírico del barroco, donde la degradación física refleja la descomposición ética de una sociedad asfixiada por la avaricia y el engaño».