BH-030
La vida del Buscón · Los Sueños
Francisco de Quevedo (1580–1645)
El pícaro más despiadado y el humor más negro del Barroco, firmados por Quevedo.
- Notas
- 70
- Estudio preliminar
- 6.554 palabras
- Páginas
- 281
- Época
- Barroco
BH-030
Francisco de Quevedo (1580–1645)
El pícaro más despiadado y el humor más negro del Barroco, firmados por Quevedo.
Un fragmento tal como aparece en el libro. Las notas resuelven el vocabulario, la historia y las fuentes; pulsa un número para leer la nota entera.
Yo, señora, soy de Segovia. Mi padre se llamó Clemente Pablo,
natural del mismo pueblo; Dios le tenga en el cielo. Fue, tal como
todos dicen, de oficio barbero, aunque eran tan altos sus pensamientos
que se corría de que le llamasen así, diciendo que él era tundidor
de mejillastundidor de mejillas Perífrasis conceptista y satírica con la que Clemente Pablo dignificaba jocosamente su vil oficio de barbero, comparando el rasurado de barbas con la operación textil de tundir o igualar el pelo de los paños finos de Segovia. y sastre de barbas. Dicen que era de muy buena cepa, y
según él bebía es cosa para creer. Estuvo casado con Aldonza de San
Pedro, hija de Diego de San Juan y nieta de Andrés de San Cristóbal.
Sospechábase en el pueblo que no era cristiana vieja, aun viéndola
con canas y rota, aunque ella, por los nombres y sobrenombres de sus
pasados, quiso esforzar que era descendiente de la gloria. Tuvo muy
buen parecer para letrado; mujer de amigas y cuadrilla, y de pocos
enemigos, porque hasta los tres del alma no los tuvo por tales;
persona de valor y conocida por quien era. Padeció grandes trabajos
recién casada, y aun después, porque malas lenguas daban en decir
que mi padre metía el dos de bastosdos de bastos Metáfora tomada del juego de naipes de la primera: las tijeras del barbero con que cortaba las faltriqueras y bolsas de los parroquianos mientras les afeitaba, para sacar el «as de oros» (el dinero hurtado). para sacar el as de oros.
Probósele que a todos los que hacía la barba a navaja, mientras les
daba con el agua levantándoles la cara para el lavatorio, un mi
hermanico de siete años les sacaba muy a su salvo los tuétanos de
las faldriqueras. Murió el angelico de unos azotes que le dieron en
la cárcel. Sintiólo mucho mi madre, por ser tal que robaba a todos
las voluntades. Por estas y otras niñerías estuvo preso, y rigores
de justicia, de que hombre no se puede defender, le sacaron por las
calles. En lo que toca de medio abajo tratáronle aquellos señores
regaladamente. Iba a la brida en bestia segura y de buen paso, con
mesura y buen día. Mas de medio arriba, etcétera, que no hay más
que decir para quien sabe lo que hace un pintor de suela en unas
costillas. Diéronle doscientos escogidos, que de allí a seis años
se le contaban por encima de la ropilla. Más se movía el que se los
daba que él, cosa que pareció muy bien; divirtióse algo con las
alabanzas que iba oyendo de sus buenas carnes, que le estaba de perlas
lo colorado.
Mi madre, pues, ¡no tuvo calamidades! Un día, alabándomela una
vieja que me crió, decía que era tal su agrado que hechizaba a
cuantos la trataban. Y decía, no sin sentimiento:
—En su tiempo, hijo, eran los virgos como soles, unos amanecidos y
Colación crítica del manuscrito Bueno (Ms. 303 BNE) frente a la princeps de Zaragoza (1626) para El Buscón; y de la edición de Barcelona (1627) frente a la censurada de Juguetes de la Niñez (1631) para Los Sueños.
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